viernes, 25 de abril de 2014

EL QUILOMBO DE AV. CROVARA Y GRAL. PAZ

Antigua Planta de la fabrica del Jabón Federal sobre Av. Crovara y Av. General Paz. 
Foto gentileza familia Del Bene.



"EL QUILOMBO DE LA AV. CAMPANA"



Por Martin A. Biaggini

El volumen inmigrantes que ingresaban a nuestro país, constantemente desde mediados del siglo XIX hasta finalizado el primer cuarto del XX, significó que la población argentina se duplicara cada veinte años. En el padrón nacional, según el censo 1914 del INDEC, los nacidos fuera de la Argentina representaban un 30% del total de la población argentina. La mayoría de estos inmigrantes que se distribuyeron sobre la región Pampeana eran varones que venían a estas tierras en busca de mejores horizontes y dejaban en sus países de origen sus hogares constituidos o sus novias. Así, se hizo evidente la necesidad de crear burdeles o “casas públicas”, y se trajo para ese trabajo a mujeres francesas, italianas, españolas, polacas y hasta alemanas.
En la esquina de las actuales Av. General Paz y a metros de Av. Crovara (Av. Campana y Av. Circunvalación en aquella época), se instala a principios de siglo XX uno de estos establecimientos, considerado entre los más grandes de la zona. La ubicación no fue al azar, esa esquina era la intersección de las dos vías que utilizaban los arrieros para transportar el ganado a pie hasta los mataderos municipales, o los de la Tablada. Sin obviar la cantidad de trabajadores de los mismos y las numerosas fábricas de sebo da la zona.
Con el tiempo, el estado vio la necesidad de reglamentar dicho funcionamiento, por lo que en la Ordenanza Nro. 328 de junio de 1935 podemos leer: “Prorróguese hasta el 31 de diciembre de 1940 el termino de la concesión acordada por el H Concejo Deliberante el 5 de noviembre de 1932 con las señoras Liva Borestein y Liva Mairoven para la explotación de la casa de tolerancia que tienen instalada en la calle Pringles y Av. General Paz, del cuartel 3ro”.
La demanda fue superior a la oferta, y se formaban en esos lugares largas filas de hombres que esperaban para satisfacer sus necesidades, por lo que los dueños de los prostíbulos, para evitar que los clientes se aburrieran y se fueran, contrataban grupos de músicos tríos formados por guitarra, violín y flauta- que amenizaban la espera. Ejecutaban la música conocida del momento: polcas, habaneras, cuadrillas, valses y mazurcas.
En su libro “La Cueva del Chancho”, Geno Díaz escribía:
“Por aquella época Viequi escribía mucho según decía, y se permitía algunos lujos como el de tomar los sábados por la noche el colectivo azul y negro número 40 en Parque Patricios, acudiendo en busca de un rato de solaz y esparcimiento a los prostíbulos de la Av. Campana, junto a la fábrica de Jabón (se refiere al Jabón Federal)”
Este lugar, según cuentan testigos, poseía numerosas habitaciones en las que se ejercía la prostitución, bar, parrilla, y un pequeño teatro en el que, no solo se ofrecían números musicales, sino también show de mujeres y travestidos.
El autor Julián Centeya, conocido como el hombre gris de Buenos Aires, en su poema lunfa de su trabajo “Entre prostitutas y ladrones”, titulado “Lastima que va sola”, relata la llegada de su personaje, desde la zona de Mataderos, hasta Crovara y General Paz:
“ (…) Hecha la diligencia en el quilombo, Salí y caminando me fui hasta un boliche que quedaba pasando la casilla policial, que estaba justo en el límite entre la provincia y capital. El chelibo quedaba en una lomita, volviendo a la zurda, y para llegar a él, había que subir unos escalones de tierra, había palenque, mire de que tiempo les hablo…”
Allí no solo paraban los arrieros y trabajadores de las fábricas vecinas, sino también se fueron haciendo famosos gran número de guapos y malevos. Estos conformaban un circuito con códigos propios, que muchas veces resolvía sus cuestiones por medio de la violencia, dejando algún que otro muerto. Estos, eran depositados generalmente (por cuestiones prácticas, de higiene, y para eludir a la ley) en un pasadizo que quedaba “a mano” y se ubicaba en lo que hoy es la calle Bolivia entre Crovara y Charlone, en Villa Insuperable. Este pasaje, que estaba conformado solamente por una arboleda a ambos lados del camino de tierra, era lugar propicio para deshacerse de estos cuerpos, lo que logro que, con el tiempo, se conociera al lugar como “El callejón de la muerte”.

NOTA Y FOTO: noticiasconobjetividad.wordpress.com






miércoles, 23 de abril de 2014

SIN TU MAGIA, ESCRITOR


GABO GARCIA MARQUEZ




GABRIEL GARCIA MARQUEZ

ESCRITOR

·  Gabriel José de la Concordia García Márquez, más conocido como Gabriel García Márquez, fue un escritor, novelista, cuentista, guionista, editor y periodista colombiano. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura.

·  Fecha de nacimiento: 6 de marzo de 1927, Aracataca, Colombia
·  Fecha del fallecimiento: 17 de abril de 2014, México, D. F., México
·  Premios: Premio Nobel de Literatura, Premio Rómulo Gallegos, Premio Internacional Neustadt de Literatura
·  Películas: El amor en los tiempos del cólera, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, Cartas del parque, Juego peligroso, Contigo en la distancia

Libros
Cien años de soledad
El amor en los tiempos del cólera
Crónica de una muerte anunciada
Memoria de mis putas tristes
El otoño del patriarca

Y muchos más

GRACIAS GABO POR TODOS LOS MOMENTOS COMPARTIDOS LEYENDO TUS EXTRAORDINARIOS LIBROS

SIN LA MAGIA DE TU ACTUACION

ALFREDO ALCON


ALFREDO ALCON

ACTOR

·  Alfredo Félix Alcón Riesco fue un actor y director teatral argentino. Desde El amor nunca muere de 1955, protagonizó más de cuarenta largometrajes. Era considerado el actor teatral de repertorio más importante de su generación en Argentina.

·  Fecha de nacimiento: 3 de marzo de 1930, Liniers, Buenos Aires
·  Fecha del fallecimiento: 11 de abril de 2014, Buenos Aires

Tanto en cine como en teatro demostró ser un extraordinario “MAESTRO” de actores,
título que odiaba le dijeran porque su enorme humildad no le permitía reconocerlo.

GRACIAS ALFREDO POR TODOS LOS MOMENTOS DE FELICIDAD QUE COMPARTIMOS YA SEA VIENDO UNA PELICULA O UNA OBRA DE TEATRO.

miércoles, 2 de abril de 2014

1982 - 2014 NO OLVIDAR

MALVINAS, FUERON, SON Y SERAN ARGENTINAS

POR SIEMPRE 
HEROES DE MALVINAS

Y NO VETERANOS DE GUERRA

Ricardo Juan Sabugo
FOTO: opinionsur.org.ar 

jueves, 27 de marzo de 2014

UNA GUITARRA EN EL CIELO



Paco de Lucía

Francisco Sánchez Gómez (PACO DE LUCIA) nació en Algeciras, Cádiz, España, el 21 de diciembre de 1947 y falleció en  Playa del Carmen, Quintana Roo, México,el 25 de febrero de 2014), de nombre artístico Paco de Lucía, fue un compositor y guitarrista español de flamenco. Cuentan que de pequeño le decían este es Paco (por Francisco), el hijo de Lucía y de ahí es de donde eligió su nombre artístico.
Fue el hermano menor de la familia, junto a Ramón de Algeciras y Pepe de Lucía, recibió como éstos educación musical de la mano de su padre, Antonio Sánchez Pecino también guitarrista. Creció en  un ambiente familiar muy cercano al mundo flamenco y por ese motivo pronto estuvo al lado de algunas de las principales figuras del género, el "Niño Ricardo" y "Sabicas" fueron sin duda alguna sus principales influencias.  
El mundo del flamenco lo empieza a conocer cuando participó del Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez de la Frontera en 1962, luego de ese concurso grabó con su hermano Pepe formando parte de un conjunto llamado “Los chiquitos de Algeciras”. Después de ello colabora con los cantaores flamencos, Fosforito y El Lebrijano, y a partir de 1969 con el celebre “Camarón de la Isla”
En 1973 con la salida de su disco Fuente y Caudal su música llega al gran público, fueron pasando los años y su música se abrió caminos a nuevos estilos y se interpretó en otros ámbitos que se alejaban de los tradicionales tablaos españoles. Interpreta en Europa, Norteamérica y Japón con gran éxito y estas giras ocupan la mayor parte de su tiempo.
Hizo una importante reforma en el arte del flamenco que llevó a todo el mundo y tocando a nivel internacional incluyó nuevos ritmos desde bossa nova a Jazz o música clásica. Así se destacan sus colaboraciones con artistas de primer nivel como Carlos Santana, Al Di Meola o Jhon McLaughlin, pero además con Camarón de la Isla y Tomatito modernizó el flamenco clásico.
En toda su carrera grabó un total de 36 discos, incluyendo 5 antologías y 5 discos en directo además de colaborar al toque de cantaores o intérpretes de numerosos estilos  musicales.

NOTA: Ricardo Juan Sabugo
FOTO: usibedete.3do.ir

domingo, 23 de marzo de 2014

UNA CASA MUY PARTICULAR




Casa tomada

Julio Cortázar

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazo dos pretendientes sin mayor motivo, a mi se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mi, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina. Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pulóver está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mi me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerza, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papa, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos mas alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían mas fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

miércoles, 12 de marzo de 2014

A TI CON ESTRELLAS FIJAS

A TI CON ESTRELLAS FIJAS

José Asunción Salustiano Facundo Silva Gómez
(José Asunción Silva)
Nació en Bogotá (Colombia), 27 de noviembre de 1865
Falleció en Bogotá (Colombia), 23 de mayo de 1896 (30 años)


Tú no lo sabes... mas yo he soñado
Entre mis sueños color de armiño,
Horas de dicha con tus amores,
Besos ardientes, quedos suspiros
Cuando la tarde tiñe de oro
Esos espacios que juntos vimos,
Cuando mi alma su vuelo emprende
A las regiones de lo infinito
Aunque me olvides, aunque no me ames
Aunque me odies, ¡sueño contigo! 

        xxxxxxxx


Cuando ya de la vida
El alma tenga, con el cuerpo, rota,
Y duerma en el sepulcro
Esa noche, más larga que las otras,
Mis ojos, que en recuerdo
Del infinito eterno de las cosas,
Guardaron sólo, como de un ensueño,
La tibia luz de tus miradas hondas,
Al ir descomponiéndose
Entre la oscura fosa,
Verán, en lo ignorado de la muerte,
Tus ojos... destacándose en las sombras.


FOTO:  lasendadebaraka.blogspot.com