miércoles, 7 de noviembre de 2012

UN CUENTO FABULOSO




                          EL MEDALLON AZUL

Metió la última carambola, colgó el taco, saludó amablemente a los
muchachos y enfiló para su casa.
Cuadra tras cuadra, en una noche especial, clara y serena, mirando
las estrellas titilantes y la luna que parecía colgada a propósito en
un escenario gigante, llegó a su puerta.
Tanteó los bolsillos, primero uno, después el otro, y en un tercero
encontró las llaves.
Abrió, y al encender la luz, vio el tremendo desorden que había en
el comedor, fue a su habitación, a la cocina y todo era igual, pensó
y se dijo:
- La puerta estaba cerrada, las ventanas también, la puerta del fondo
atrancada por dentro – y entonces… se acordó de aquellos relatos
de la abuela junto a la chimenea o debajo de los sauces, cerca del
arroyo a la hora de la siesta, y dijo:
- No, eso no es cierto, eran solo cuentos que la abuela utilizaba para
tenernos entretenidos con los ojos bien abiertos y admirándola.
Comenzó lentamente a ordenar, y cada cosa que levantaba del suelo
parecía elegida, esa camisa a cuadros tan gastada, esa foto amarilla
con la cañita mojarrera en el río, ese viejo cortaplumas con el que
tallaba tronquitos cuando niño.
De repente, al lado de su cama, vio la cadenita con la cruz, se quedó
helado y susurró:
-Ana Clara, ¿estás ahí? Un silencio profundo y otra vez la pregunta:
-Ana Clara, ¿estás ahí? Fue corriendo al cajón y cuando lo abrió,
le pareció oír como una carcajada en el fondo de la casa.
Dijo:
-Entonces era cierto. Buscó y no lo encontró, y ahora afirmando y
levantando el tono de su voz, gritó:
-Si, estás ahí, porque únicamente vos a través del infinito pudiste
venir a buscar el  “medallón azul”, aquel que una tarde después de
un tierno beso intercambiaste por mi cadena y cruz, ese mismo que
guardo… perdón, el mismo que tenía guardado en un cajón.

Ricardo Juan Sabugo
        17-8-1995

FOTO: tartarugaaccesorios.blogspot.com

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